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Saint-Malo

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Tras salir del Monte Sant Michel, elegimos Saint-Malo como la próxima parada para almorzar antes de hacer noche: Orleans. Una de las cosas más llamativas al acercarnos y entrar en la ciudad fue las murallas que rodean la ciudad; y lo fácil que fue acceder al centro de la ciudad (en comparación con lo difícil que está el llegar al centro en algunas ciudades españolas), y lo difícil que fue encontrar sitio para aparcar; hasta que encontramos uno justo en la puerta de la Catedral; la de San Vicente. Desde allí, cruzamos una plaza hasta llegar a las murallas y vimos las playas, donde mucha gente disfrutaba del sol y el mar; mientras en España teníamos lluvia y la gente no podía imitar a los franceses. Desde la vista de la plataforma de las murallas, no solamente se veía la playa; en uno de los cercanos islotes está la tumba de Chatobriand y varias fortificaciones. Continuamos buscando un sitio para almorzar, y aunque fue un poco complicado por el dichoso temprano horario francés; al final encontramos un restaurante justo enfrente de la catedral, donde pudimos disfrutar de algunos platos franceses, antes de coger el avión y seguir la marcha. P4214316

1917

Póster de la película.
Este fin de semana pusieron en Martos, en el Teatro «1917»; la última película de Sam Mendes; conocido director de películas como «Skyfall» (de la saga James Bond) o «Camino a la Perdición«. Una de las películas con más publicidad de este terminado 2019 y quizás también de las mejores, dentro de la mediocridad a la que no tienen acostumbrados los últimos estrenos. Narra la histora en un par de atrevidos planos secuencia de dos soldados británicos durante la I Guerra Mundial en la Campaña de Francia, George MacKay como Schofield y Dean-Charles Chapman (Uno de los Baratheon en Juego de Tronos) como Blake. Reciben la misión del General Erinmore (Colin Firth) de cruzar las líneas enemigas, aparentemente abandonadas por los alemanes que se han replegado unos 15 kilómetros, para enlazar con dos batallones pertenecientes al segundo regimiento de Devonshire que tienen planeado lanzar un ataque al día siguiente a las 6 de la mañana. Como si el espectador acompañase a los propios soldados y sin ningún cambio de plano, vamos acompañándolos a cruzar la línea: Primero atravesar las propias trincheras inglesas; cruzar la tierra de nadie, las empalizadas, alambre de espino y los cadáveres de soldados y animales en diferentes estados de descomposición, hasta entrar en las trincheras alemanas; mejor confeccionadas que las inglesas, con hormigón y barracones para dormir (los alemanes siempre tan organizados); y tras cruzarlas, comprueban los cañones de artillería abandonados e inutilizados. Utilizando sus brújulas intentan seguir la ruta definida, pasando por diferentes problemas: un combate aéreo, estrellándose el avión cerca de ellos, ayuda de soldados ingleses, cruzar las líneas enemigas, hasta intentar conseguir cumplir con su misión. Una película muy entretenida, con algunas críticas no tan positivas desde el punto de vista bélico-histórico; y otras muy positivos en lo puramente cinematográfico. De todas formas, una película obligatoria para ver en este comienzo del 2020.

Preparando una tarjeta máxima

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Una tarjeta máxima es aquella en la que el motivo de la postal, es el mismo que el de los sellos de franqueo e idealmente con el matasello usado para la circulación de la tarjeta. El otro día compré una tarjeta postal antigua; quizás de primeros del siglo XX; años 10 ó 20, y encontré por casa un par de sellos con el mismo motivo: La Puerta de la Bisagra de Toledo. Los sellos emitidos por Correos en España con este motivo, son al menos dos: uno con número de catálogo Edifil 2422 emitido en 1977, dentro de la XI serie dedicada al Turismo:
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Y uno emitido en el 2012, con número de catálogo Edifil, 4687 dentro de una serie de puertas monumentales de España.
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Aquí, por ejemplo puede encontrarse una tarjeta máxima de 1977.

Monte Saint Michel

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Después de hacer la pequeña parada no programada en las zonas del Desembarco de Normandía de 1944, cogimos la carretera y recorrimos los 130 kilómetros que separaba de nuestro próximo destino y donde haríamos noche: El afamado Monte Saint Michel. El Monte Saint-Michel es una antigua abadía, actualmente de estilo gótico, erigida en un pequeño promontorio en el estuario del río Couesnon, con la particularidad que se convierte en una isla con marea alta y se queda unida al continente con marea baja (unida a través de un fondo marino de barro y lodo). Habíamos reservado el hotel dentro del propio recinto del Monte Saint-Michel que tiene acceso restringido, debido a la alta afluencia de turistas: Es uno de los monumentos más visitados de Francia (como comparación, recibe más visitantes que la propia Alhambra de Granada). Tras dejar el equipaje nos fuimos hacia la isla, cuando cogimos un autobús que cubre el trayecto que va desde el continente hasta el pie de una isla a través de un pequeño puente que han construido para simplificar el acceso a la isla. Como el acceso depende del estado de las marreas, varias tablas informan de la hora de las mareas, altas, bajas, muertas y vivas. Llegamos justo cuando estaba subiendo la marea, e increíblemente rápido el agua entraba por las explanadas que rodean las playas de la isla hasta como vimos con nuestros propios ojos como se quedaba aislado del continente con el agua convirtiéndose en una isla. Entramos dentro de la isla, y empezamos a callejear y subir hasta llegar a la propia abadía, coincidiendo con la celebración de la vigilia del Sábado Santo, quedándonos a misa y viendo la ceremonia que organizaron; para intentar volvernos al hotel a cenar. Importante, no olvidar que los horarios de almuerzo y cena en Francia es mucho más temprano que en España. El Sábado Santo nos levantamos temprano y cogimos uno de los primeros autobuses, una vez reabierto el acceso a la isla; esta vez decidimos ir andando hasta la isla, para ir disfrutando de las vistas; para llegar a la isla, y callejar; esta vez por otras partes, las propias del pueblo que hay dentro de la isla; los bares, pequeños museos y tiendas orientadas al turismo; así como incluso algún pequeño apartamento que quizás se pueda encontrar en Airbnb. Interesante fue cuando encontramos la parroquia del pueblo; también dedicada a San Miguel; pero que no hay que confundir con la abadía: La abadía era para los monjes; y la parroquia para el pueblo. La parroquia es muchísimo más pequeña que la iglesia de la propia abadía, con su propio cementerio junto a la Iglesia.

Y antes de que se nos hiciera muy tarde; volvimos al coche y camino a nuestro próximo destino: Saint-Malo.
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Pelikan 100

IMGP1031a El año pasado conseguí hacerme con una interesante pieza que no puede faltar en cualquier colección Pelikan: Una Pelikan 100 con el primer logo: el que tiene en la punta del capuchón un nido con muchos polluelos. La Pelikan 100 fue la primera pluma comercializada por Pelikan, y la que introdujo en el mercado el exitoso método de llenado mediante pistón, que es la marca de la casa hasta nuestros días y que fue copiada por otros numerosos fabricantes hasta nuestros días. En 1937 se cambió el logotipo que había en la punta del capuchón, donde el nido con muchos polluelos fue substituida por un nido con tan sólo dos polluelos; logotipo que estuvo siendo usado por Pelikan hasta hace pocos años. La construcción de esta estilográfica es algo diferente de las actuales: El cuerpo principal es de material translúdcido que es el permite ver el contenido de tinta del émbolo; sobre el que va la camisa de celuloide (en este caso es la típica verde); la parte superior, donde está el tornillo del émbolo es cuadrado (en contraposición con la posterior 100N que tiene formas más redondeadas y hace que aumente la longitud de la estilográfica). El plumín de este ejemplar es de oro de 14 quilates, con la marca «D», que denotaba plumines duros (nada de flexibilidad) usados para las copias en papel carbón; plumines quizás más parecidos a los que se venden a día de hoy. Tiene un peso de 13,9 gramos, una longitud total de 117 mm.; una capacidad de tinta de 1,5 ml.; una pluma algo más pequeña que las actuales M200/M400, pero sin embargo con mayor capacidad de tinta.

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